Estaba muerto y lo sabía, no podía sentir nada, estaba sin lentes y podía ver perfectamente y sin esfuerzo, estaba con las mangas de la camisa atrás y sin embargo no tenía ese típico frío que tienes al estar sentado, porque así estaba, sentado y mirando hacia uno de los lados de la habitación semi-iluminada en la que me encontraba. No estaba solo, tenía compañía y era cercana, sabía quienes eran cada uno de los que estaban allí dentro, pero no quise voltearme a mirar quienes eran porque lo encontré poco prudente. Me quedé sin embargo, mirando hacia uno de los costados como decía, observando largos minutos una esquina que se asemejaba a una puerta, no pensaba en nada, sólo miraba.
De pronto, giré mi cabeza hacia un costado y me encontré al Cristian Godoy, un tipo alto y joven, que en ese momento llevaba una capucha con un abrigo café bien grueso y hablaba animadamente con el Hugo Torres, que llenaba un formulario blanco que venía en un sobre medio anaranjado, sabía que el Hugo estaba muerto, pero me sorprendía igual el hecho de que lo estuviera conmigo. Jamás se me cruzó por la mente pensar como había muerto, si me habían matado o no, y de ser así pensar en quien habría sido. Jamás lo hice.
Me acerqué a ver que era precisamente lo que estaba llenando, y era algo así como los test que te hacen para calcular tu CI, pero no era precisamente igual, era parecido. Le pido uno al Cristian y me doy cuenta de que el José Matamala también estaba conmigo, lo que no me dejaba y deja de sorprenderme, comienzo a llenarlo apresuradamente, porque sabía que no me quedaba mucho tiempo, cuanto? No sé, pero me quedaba muy poco, levanto la vista y le veo la cara al Cristián y le digo: No seai maricón, déjame terminar, si no me queda nada. Estábamos los dos parados en una de las ¿paredes? de la habitación, el hecho es que no había pared física en ese lugar, sino estábamos al borde de algo, y al otro lado había una luz blanca media amarillenta súper brillante, pero que no llenaba la habitación, que seguía semi-oscura.
Minutos antes había estado jugando con una cosa como estas de las máquinas tragamonedas, pero en lugar de tener una palanca tenía un botón, lo que me aparecía sabía que eran años, pero no estaba conciente si era para seguir muerto, para ir momentáneamente de vuelta, o para poder hacerlo en la cantidad de años que me aparecían allí.
Cuando le exigía más tiempo al Cristian, aparecí en el centro de un jardín, un jardín sin techo que estaba al centro de un edificio lleno de vidrios, se le podía ver hacia dentro, que estaba vacío, los vidrios que tapaban la estructura principal eran azul oscuro, los que tapaban el pedazo inmediatamente al lado, eran medio celestosos, el resto era transparente tirado a blanco y estaban unidos con juntas plomas (así como las barandas de vidrio del Metro) y se podía ver algunos metales delgados negros en las esquinas.
Sabía que el edificio era cuadrado, con un espacio cuadrado al medio que no tenía techo (el jardín al que yo había llegado), que al costado en el que generalmente uno encuentra una entrada tenía un espacio en el que iría el nombre del edificio, pero estaba totalmente blanco y vacío.
El jardín al que yo había llegado tenía unos maceteros largos con tierra de hoja, así como un macetero nuevo, y repartidos por ahí había unos árboles delgados, esos típicos árboles cabezones que plantan cuando construyen algo. Había unas bancas de cemento que miraban hacia el edificio, tenían respaldos de madera verde musgo. El Jardín completo estaba embaldosado con unas baldosas de piedra café claro. El centro de todo era un espacio amplio de pura baldosa, y ahí, precisamente ahí habíamos aparecido los que estábamos muertos.
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